Entre Ríos: Repudio ante censura en LT14

lt14mario1La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) denuncia y repudia la grave censura y el aberrante hostigamiento cometidos contra el veterano periodista Mario Alarcón Muñiz en la provincia de Entre Ríos, a quien las autoridades provinciales y nacionales sacaron del aire de LT14 Radio General Urquiza, en un incidente bochornoso y vergonzante, absolutamente contrapuesto al texto de la Ley de Servicio de Comunicación Audiovisual y al espíritu plural de comunicación que predican ambos gobiernos.

lt14mario1La Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) denuncia y repudia la grave censura y el aberrante hostigamiento cometidos contra el veterano periodista Mario Alarcón Muñiz en la provincia de Entre Ríos, a quien las autoridades provinciales y nacionales sacaron del aire de LT14 Radio General Urquiza, en un incidente bochornoso y vergonzante, absolutamente contrapuesto al texto de la Ley de Servicio de Comunicación Audiovisual y al espíritu plural de comunicación que predican ambos gobiernos.

 

Con una vastísima trayectoria periodistica y el unánime reconocimiento de miles de oyentes, al regresar de sus vacaciones, el 3 de febrero, las autoridades de LT14 de Paraná (radio comercial dependiente del gobierno nacional, una de las emisoras de RTA), le impidieron a Mario reasumir la conducción del programa La Calandria, «un hito en la historia de la radiodifusión argentina». 

En un texto suscripto por un numeroso grupo de organizaciones sociales, sindicatos, periodistas y estudiantes de toda la provincia, miles de entrerrianos manifestaron el malestar y la indignación frente a su sorpresiva exclusión de la programación de LT 14 y declararon el 3 de febrero como «Día de la Rebeldía Contra los Atropellos a la Cultura».

lt14mario2La FATPREN adhiere también a este documento, replicado ya por toda la provincia, que se titula “El ataque a Alarcón Muñiz es la gota que rebasó el vaso” y expresa lo siguiente:

“Los gobiernos de la Argentina y de la provincia de Entre Ríos acentuaron en las primeras semanas de 2014 su hostigamiento contra el escritor y periodista Mario Alarcón Muñiz, de larga y fructífera vigencia en la cultura del litoral argentino y oriental.

El lunes 3 de febrero debía volver a la radio estatal LT 14 con su programa cultural La Calandria, un hito en la radiodifusión argentina, con una audiencia fiel durante lustros, y no pudo ser: las autoridades de Radio y Televisión Argentina lo sacaron del aire. Así “premiaron” su trayectoria de 60 años.

Ya habían censurado sus notas críticas en El Diario de Paraná tras el desembarco de una gestión oficialista, y clausurado sus micros llamados Entrerrianías en LT 14. 

En enero lo desplazaron además de la conducción de un encuentro clásico de la cultura regional en Diamante, donde había sido animador y maestro de ceremonias por 35 años, para colocar voces afines debido a la difusión por la televisión “pública”. Como broche, este 3 de febrero cayó La Calandria.

El descontento en los ámbitos de la cultura y el periodismo del litoral es ya inocultable. ¿Qué molesta al oficialismo? El ejercicio del periodismo. Es fácil revisar las columnas de opinión de Alarcón Muñiz y constatar que se trata de análisis fundados. A las autoridades les asiste el derecho de rebatir, si cuentan con argumentos, pero cuando se les observan inconsistencias la respuesta no puede ir por el ya trillado camino de matar al mensajero.

La exclusión que repudiamos puede atribuirse a funcionarios que confunden los bienes del pueblo con sus bienes personales o con su facción, y se adueñan; o a ignorantes de las condiciones, talentos y trayectorias de los trabajadores de la comunicación del litoral. Como sea, nos reunimos este 3 de febrero para colocar una bisagra y empezar a revertir este proceso.

Desde ahora, el 3 de febrero será para nosotros el Día de la rebeldía contra los atropellos a la cultura.

No abundaremos con ejemplos. Fueron erosionando, de modos más o menos sutiles, las obras de un profesional emblemático y en eso terminaron agraviando símbolos culturales de las cuencas del Paraná y el Uruguay.

Así lo sentimos, también, porque no se trata de hechos aislados. El caso es un eslabón de una cadena de arbitrariedades contra los intercambios culturales y la libertad de expresión.

Arbitrariedades que el poder político suma a las ya conocidas del poder corporativo, económico y financiero, de por sí colonial y censor y lamentablemente naturalizado.

La dimensión del ataque y sus reiteraciones por distintas vías interpelan principalmente al presidente de Radio y Televisión Argentina, Tristán Bauer, de quien dependen LT 14 y la televisión pública; y también al ministro de Comunicación y Cultura de Entre Ríos y presidente del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual (Cofeca), Pedro Báez, como al ministro de Educación, José Lauritto, al secretario de Cultura, Roberto Romani, y al director de la radio LT 14, Jorge Ballay, entre otros.

A los funcionarios les queda persistir en este camino, embarrando la comunicación social, partidizando los encuentros culturales y ensuciando sus gestiones con excusas, agachadas y nuevas arremetidas para defender lo indefendible; o por el contrario abrir los ojos, visualizar el mundo de virtudes exigibles a los hombres públicos, pedir disculpas y rectificar el rumbo.

Los abajo firmantes somos trabajadores, estudiantes, militantes sociales, docentes, ecologistas, profesionales, artistas, periodistas, investigadores, cooperativistas e historiadores entrerrianos, santafesinos y cordobeses, conscientes de la gravedad del acoso.

Libertad para las expresiones artísticas, sociales y comunicacionales, y transparencia en la función pública: esa es nuestra demanda. Las arbitrariedades nos repugnan.

Consideramos que este manoseo es la gota que rebasó el vaso y que el desgaste a que pretenden someter a los comunicadores es un boomerang: lo más desgastado aquí es la credibilidad de los gobiernos.

No nos equivoquemos: la política invasiva desde el estado con propósitos sectoriales es tan perversa como la política invasiva desde las multinacionales y otros grupos de poder a través de las distintas vías de la propaganda.

Algunos quieren que nosotros creamos que en la misma caja del Estado hay millones de pesos diarios para el entretenimiento banal repartidos en Buenos Aires, y ni monedas para nuestros encuentros culturales. Y sostienen, sin sonrojarse, el incumplimiento flagrante de las leyes que mandan promover los emprendimientos artísticos en los medios del pueblo.

Hay actitudes (preferimos no detallarlas) propias de regímenes que tratan de silenciar el genio rebelde de los pueblos. No advierten que un luchador reprimido será convertido en bandera.

En esta declaración, en desagravio a Mario Alarcón Muñiz, extendemos nuestro repudio a los límites impuestos a comunicadores de la región desde el poder económico y político, y saludamos a los que no se resignan. Su dignidad nos alimenta.

Los responsables de los atropellos deben calcular que las arbitrariedades son inversamente proporcionales a su credibilidad y a su legitimidad.

Nuestros pueblos saben de resistencias por siglos contra las invasiones, una condición que aflora en momentos clave de la vida de nuestra América como se constata en los levantamientos contra la guerra al Paraguay (los periodistas hicieron allí esfuerzos sobrehumanos para sobreponerse a las presiones); o antes, en las guerras por la independencia y la república junto a José Artigas. Esas luchas nos exigen a todos un examen sereno de las circunstancias actuales para que estemos a la altura de nuestra historia.

Confiamos en que aquellas luces nos alumbrarán los caminos a todos.

En el mes del bicentenario de la Batalla del Espinillo, Artigas vuelve. Vuelve a reclamar la libertad “en toda su extensión imaginable” y a estimularnos para que seamos “tan ilustrados como valientes”.

 

14-02-2014

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *